Relatos

En esta sección puedes contarnos las historias que te hayan pasado yendo de cruising o relatos inventados que desees compartir con los usuarios de esta web.

2.800 comentarios sobre “Relatos

  1. Hola soy una CD, la verdad que no me quejo ya que la naturaleza se ha portado bien conmigo, estoy buscando chicos para sexo sin compromiso, me encanta sentirme una autentica putita complaciendo a un macho, incluso hacer un bukkake, me dan ganas de pasearme una noche por alguna zona de cruissing, pero la verdad que no me atrevo.
    cdsexiviciosa@gmail.com

    1. Hola sexiviciosa me gustaria quedar contigo en algun sitio yo tambien primerizo en este mundo y me hace ganas que una travesti o travestido me la chupe

    2. Hola, me gustaría comértelo todo hasta sacar todos tus jugos vaginales y lamerlos enteritos para que luego hicieras lo mismo conmigo , luego podríamos seguir metiéndote toda dentro de ti e ir alternando coño y culo coño y culo uffffff no sigo me estoy poniendo malito

      1. CD = cross-dressing = pasearse vestido con ropas-atuendos identificativos del otro sexo. Resumiendo: travestí ocasional o permanente sin operaciones, de ambos sexos. Las definiciones en términos de comportamiento sexual aumentan día a día y a veces no es fácil conocerlo todo 🙂

  2. He leído tu relato y ha sido increíble. Yo voy al fisio 1 vez al mes por problemas de espalda y quitar tensiones, pero nunca han llegado hacer nada de lo que tu explicas. muchas veces he tenido que pensar en cosas para que no se pusiera a tono la herramienta, pero gana siempre. Algunas veces se debe haber dado cuenta que la tengo a tono, porque tengo que moverme para poder colocarla para que no moleste.
    Ya me gustaría que pasara eso, pero será difícil.
    Un saludo

  3. He leído la historia y es increíble, yo he ido a fisio para quitar la contractura que tengo de espalda y nunca me ha pasado eso, siempre se me pone morcillona, pero intento pensar en otras cosas para que no se note, pero seguro que lo ha visto mas de una vez que me suelo mover para poder colocarla.

  4. El fisio

    Vale. Para haber cumplido ya 22, yo era un pardillo por aquella época. Incluso puede que haya quién, al leer esto, opine que miento como un bellaco y me lo estoy inventando todo; pero no es así, lo que piensen los demás está de más, que decía la canción, y además me importan un huevo las opiniones ajenas. Ya que esta sección se llama confesiones, yo cuento lo que pasó. Y punto.
    Vale. Para haber cumplido ya los 22,yo era un pardillo por aquella época. Incluso puede que haya quién, al leer esto, opine que miento como un bellaco y me lo estoy inventando todo; pero no es así, lo que piensen los demás está de más, que decía la canción, y además me importan un huevo las opiniones ajenas. Ya que esta sección se llama confesiones, yo cuento lo que pasó. Y punto.
    Nunca había estado antes en un fisioterapeuta y, la verdad sea dicha, yo tampoco lo veía muy necesario en aquella ocasión, pero el traumatólogo opinaba que la lesión mejoraría más rápidamente con dos o tres semanas de tratamiento; como pagaba la mutua pues ¿para qué discutir? El día que me citaron me presenté en la clínica, que ocupaba una sexta planta de un edificio del centro de la ciudad.

    Después de pasar por recepción, el médico responsable me presentó al fisioterapeuta que se ocuparía de mí: un tío más bien alto y fuerte, calvo, de unos treinta y muchos o cuarenta y pocos, bastante simpático, que vestía un uniforme blanco. La clínica en realidad, aparte de aseos, vestuarios y oficinas, consistía en una única y enorme sala donde recibía tratamiento por lo menos una docena de personas al mismo tiempo: había deportistas lesionados como yo, víctimas de accidentes de tráfico, y otros como un vejete que se recuperaba de las secuelas de un derrame cerebral.

    Mi tratamiento, básicamente, consistía en un cuarto de hora o veinte minutos de ejercicio activo en las máquinas (bicicletas, tensores…) que se agrupaban a un extremo de la sala y otros cuarenta y cinco minutos de ejercicio pasivo con el fisio. No era algo precisamente agotador: cómodamente tumbado boca arriba, yo me limitaba a mirar al techo y a pensar en mis cosas mientras el tío se peleaba con mi pierna. Charlábamos de tonterías y yo sólo le interrumpía con un gruñido cuando estiraba, retorcía o prensaba excesivamente algún músculo. Al final, yo me cambiaba, firmaba el parte de la sesión para la mutua y hasta la siguiente, un par de días después.

    Ya he dicho que pequé de inocente, porque tardé un par de días en darme cuenta de que el tío se estaba aprovechando y me estaba metiendo mano. Al principio no le di demasiada importancia: supuse que, teniendo en cuenta los agarres que tenía que hacer sobre mi pierna, era lógico un roce casual de vez en cuando y, además era demasiado leve, demasiado sutil, como para ser más que algo circunstancial. Lo que pasaba es que ese de vez en cuando se producía demasiado a menudo, y si bien era comprensible que por azar su dedo tocara mi pene a través del pantalón, lo que ya no lo era tanto es que se quedara ahí, prolongando el contacto o se deslizara ligeramente, en una caricia tenue y repetida; como tampoco lo era el hecho de que, al apoyar la mano en mi cintura para fijar la cadera a la mesa, metiera un dedo(hay que reconocer que muy poco, solo una falange) bajo la cintura del pantalón de mi chándal. Me quedé de piedra: no es que las mujeres se pegaran por meterme mano, pero hasta entonces no lo había intentado, ni mucho menos conseguido, ningún hombre.

    Esa noche me dediqué a pensar detenidamente en lo que estaba pasando, si podía ser real o sólo una paranoia mía. La verdad es que había sido tan leve que no podría jurarlo; además, ¿se jugaría alguien el puesto de trabajo por una tontería así? ¿por toquetear un poco a un paciente? Porque, reconozcámoslo, tampoco era el polvo del siglo. Decidí ignorarlo de momento y ver qué pasaba al día siguiente.

    Y lo que pasó fue que se repitió. Es más, estando boca abajo, el hombre me arreó un muy poco disimulado magreo en las nalgas que me pareció imposible que pasara inadvertido para el resto de la gente. Eché un vistazo y comprendí que se lo tenía muy bien montado: siempre escogía la camilla del fondo de la sala, donde le protegían dos paredes haciendo esquina (una tenia una ventana, pero como se trataba de sobar y no de arrancarme la ropa a mordiscos, no había peligro por ese lado), por otro era mi propia cabeza la que le tapaba y, en el cuarto lado, el más expuesto al resto de la sala, era él quien, con su propio cuerpo, ocultaba sus manejos de ojos indiscretos.

    Bueno, y ahora qué. Podía denunciarlo y montar un número, pero incluso yo había dudado que ocurriera si no estuviera notando en ese mismo momento su mano acariciando mi culo. Además, para ser sinceros, no me estaba desagradando del todo, ni me estaba sintiendo violado; sólo tenía la sensación de estar siendo utilizado por un desconocido, y la verdad es que tenía cierto morbo. Decidí dejarlo correr de momento y apoyé la cabeza en los brazos, intentando relajarme. En ese momento noté unos dedos apoyarse en la cara interna de mi muslo izquierdo. Separé los pies hasta las esquinas de la mesa, abriendo un poco las piernas, y los dedos se deslizaron hacia arriba, acariciando ligeramente mis testículos y continuando luego por la costura del pantalón, ejerciendo una suave presión entre mis nalgas, hasta llegar a la cintura; una vez allí, el dedo índice se coló bajo el elástico, se internó por debajo del slip, y se movió lentamente por la parte superior de mis nalgas, desde una cadera a la otra. Yo me dejaba hacer, mientras él, alentado por mi pasividad y aparente consentimiento hundía más profundamente su dedo en mi ropa interior, presionando la piel y acariciándome la rabadilla, justo al principio del surco, lo que me produjo un escalofrío que recorrió mi espina dorsal hasta la nuca. El resto de la hora transcurrió como de costumbre, entre ejercicios y casi imperceptibles toqueteos que yo ya aceptaba sin reparos y que, quizá por esto, empezaban a producir cierto efecto en el estado de mi miembro.

    Para la sesión siguiente, y sin haberme molestado en pensarlo demasiado, yo ya había decidido colaborar plenamente en el abuso del que estaba siendo objeto, aunque en ese momento definirlo como abuso podía considerarse algo excesivo, teniendo en cuenta mi tácita conformidad. Deseché el chándal por recatado, y en el vestuario me quité el slip y me enfundé un pantalón corto de deporte, de ésos que tienen un braguero de tela para sujetar los genitales e impedir que el hermano menor y sus dos amigos asomen por debajo de la pernera para saludar al respetable. Más tarde, tumbado en la camilla y notando una mano recorrer mi muslo, yo me preguntaba si realmente quería hacer lo que estaba haciendo o sólo me estaba dejando llevar por un calentón provocado por mi falta de relaciones femeninas de los últimos tiempos. Fuera lo que fuera, ya era un poco tarde para dudas porque en ese momento los dedos descendieron hasta la ingle, con un descaro y una familiaridad que me cortaron la respiración, vacilaron un momento en el borde del braguero y luego se introdujeron reptando como culebras bajo la tela. Esos dos dedos, en contacto directo con la piel de mi escroto me produjeron, ahora sí, un intenso sentimiento de vergüenza; tomaron posesión de mis genitales como si les pertenecieran: los acariciaban de arriba abajo o en círculos, masajeaban suavemente el pene y lo movían levemente de un lado a otro, a su antojo. Cuando llegó el momento de ponerme boca abajo, me di cuenta de que el tiempo de las sutilezas había pasado: interpretando sin duda mi cambio de indumentaria como un acto de conformidad, el fisioterapeuta acariciaba sin pudor mis nalgas bajo el pantalón corto para después, y con el mismo descaro, insertar su dedo entre ellas; lo pasó por toda la hendidura de arriba abajo, hasta llegar a los genitales, y luego a la inversa, haciendo presión en la zona perineal y en el ano, provocándome una erección tan brutal como inesperada. Noté como se endurecían mis pezones, asombrado de mí mismo por permitir y casi desear que un hombre estuviera a punto de meterme un dedo en el culo, ¡y en una zona pública! No lo hizo, claro; no era el momento ni el lugar pero, mientras sentía la dureza de mi polla aprisionada entre mi vientre y la mesa, y aquel dedo recorriéndome la raja, tuve una visión de mí mismo desnudo y a cuatro patas, con aquel hombre agarrado a mis caderas, propinándome fuertes embestidas a las que yo respondía, a pesar de la humillación y del dolor de mi esfínter dilatado, con gemidos de placer.

    A partir de ese día las sesiones se convirtieron, siempre con las precauciones necesarias debidas al carácter público del lugar, en una especie de festival erótico silencioso en el que no quedaba punto alguno de mi anatomía, ya fuera genital o anal, por explorar. Debo reconocer que yo me comportaba como un auténtico calientapollas, y le incitaba ya en el momento de dirigirme a la camilla soltando descaradamente la cinta elástica que cerraba la cintura del pantalón, para facilitarle el acceso. Él, desde luego, entraba al trapo sin reticencias, recorriendo la fina línea de vello que va desde el ombligo hasta el pubis, enredando sus dedos en este último, o buscando mi miembro directamente, acariciándolo, jugando con el prepucio o toqueteando el frenillo, y sonriendo a medias cuando lo notaba crecer o a mí se me escapaba un suspiro que intentaba disimular como mejor podía.

    Y, mientras todo esto ocurría, yo esperaba. Esperaba el día que él decidiese dar un paso más y programase la terapia para última hora, lo que nos permitiría quedarnos solos en el gimnasio; o bien que me citase más tarde en otro lugar, más discreto, sin público ni ropa. Yo me masturbaba por las noches imaginando estas situaciones: unas veces me mantenía tumbado boca abajo en la camilla, vestido sólo con la camiseta y dos de sus dedos firmemente enterrados en mi ano, en otras me llevaba en su coche a un descampado para que le hiciese una mamada; y en las más duras y deseadas su polla violaba sin contemplaciones mi culo virgen y empapado de su saliva.

    Sin embargo nunca iba más allá. Parecía conformarse con mi sumisión ante sus toqueteos y no daba muestras de pretender ir más allá. Quizá no se atrevía, o quizá aguardaba que yo moviese ficha. Tal vez se había cansado de ser la parte activa y quería que yo me implicase de alguna forma más allá del simple consentimiento. Así que un día, aprovechando su proximidad a la camilla, acerqué la mano al borde y estiré los dedos, rozando sus pantalones, justo sobre la cremallera; al principio se quedó parado, como sorprendido, pero luego se inclinó un poco hacia delante, para intensificar el contacto. Yo moví los dedos arriba y abajo, recorriendo sus genitales, que ya presentaban una considerable dureza, giré la mano, volviendo la palma hacia arriba y le acaricié con la punta de los dedos una y otra vez, desde los testículos hasta la punta del pene. Mientras tanto, él sobaba mi polla, dura como una piedra bajo el pantalón corto. No recuerdo cuanto tiempo duró; al rato, él se apartó bruscamente, lo que me hizo comprender que había estado a punto de correrse. Cuando me iba le vi entrar en el aseo, y yo me masturbé al llegar a casa.

    Ese día me di cuenta de que lo que pudiera pasar dependía de mi disposición, así que unos días después decidí echar un órdago: pretextando un examen le di a elegir entre suspender la siguiente sesión o dejarla para las ocho de la tarde. Como cerraban a las nueve, se lo estaba poniendo en bandeja para quedarnos a solas. Supongo que se dio cuenta, porque cambió mi cita para el siguiente viernes a última hora.

    El viernes en cuestión la hora transcurría como todas las demás, aunque yo aguardaba, tenso, a medida que la sala se vaciaba de pacientes. Cuando faltaban diez minutos para las nueve dio por terminada la sesión me fui al vestuario, sin saber muy bien que hacer a continuación. Imaginé que quería esperar a que se fuesen todos, así que, para justificar mi retraso, me desnudé y me metí en la ducha. Aguardé bajo el agua caliente, pero a medida que el tiempo pasaba, empecé a pensar que el tipo no pretendía nada más y que yo estaba haciendo el ridículo. Con una cierta sensación de vergüenza salí de la ducha, me sequé, y empecé a vestirme. Entró cuando acababa de ponerme el slip.

    Dijo que le había parecido notar una ligera desviación de mi columna vertebral y que quería comprobarlo. Me puso de cara a la pared, de pie, y se colocó detrás de mí. Noté su dedo apoyarse en mi nuca y descender lentamente por mi espina dorsal hasta la rabadilla, provocándome un escalofrío. A continuación me indicó que esperara. Le oí arrastrar un banco de de madera y sentarse en él detrás de mí, como antes, pero después metió dos dedos bajo el elástico del slip y me lo bajó de un tirón hasta las rodillas. Su dedo volvió a recorrer mi espalda, pero esta vez no se detuvo, sino que siguió bajando entre mis nalgas, mientras yo suspiraba suavemente y mi miembro reaccionaba a la caricia. A una orden suya, incliné el torso hacia delante, sabiendo que en esta postura dejaba mi culo expuesto ante él. Apoyó sus manos en mis nalgas y las magreó, apretándolas y amasándolas a su gusto, como seguramente había deseado hacerlo en ocasiones anteriores; noté como las separaba y su mirada casi sólida fijarse en mi ojete, como intentando traspasarlo, para después apoyar un dedo húmedo de saliva en ese mismo punto; el dedo giró sobre sí mismo al tiempo que aumentaba la presión sobre el esfínter y yo intentaba relajarme para facilitarle la entrada. El invasor fue ganando terreno en mi interior poco a poco, a medida que yo me acostumbraba a su presencia, como una molestia pasajera que disminuía en la medida en que mi excitación aumentaba. Una vez que estuvo todo dentro, empezó a moverse, en círculos unas veces, entrando y saliendo otras, mientras su dueño me preguntaba si me lo habían hecho antes -no-, y si me gustaba -desde luego que sí- y, con la otra mano, acariciaba mi vientre y mi miembro erecto.

    Tras varios minutos de hurgar en mi culo, el hombre se levantó y fue a lavarse las manos, hecho lo cual me colocó de pie, apoyado de espaldas contra la pared. Luego se acercó a mí y me metió la lengua en la boca; yo respondí al beso lo mejor que pude, enredando mi lengua con la suya y permitiendo que explorara todos los rincones de mi boca mientras sus manos hacían lo mismo con mi cuerpo y su polla se clavaba contra mi vientre a través de su ropa.

    -¿Te gusto?- Preguntó.

    -No- Era verdad.

    -Pero te pongo cachondo.

    -Mucho.

    -¿Qué quieres que te haga?

    -Fóllame- Respondí con un hilo de voz.

    -¿Te has pajeado imaginándolo?- Asentí con la cabeza- Demuéstramelo.

    Me obligó a echarme boca arriba en el banco, con un pie a cada lado del mismo, y a masturbarme ante sus ojos mientras me hablaba al oído:

    -¿Es lo que quieres, niñato? ¿Que te rompa el culo? ¿Te gustaría notar mi polla barrenándote y mi aliento en la nuca?- Yo respondía que sí con la cabeza, mientras con la mano me masajeaba el pene sin cesar, arriba y abajo, frenéticamente

    -Serás mi zorrita. Estarás a mi disposición cuando yo quiera, ¿verdad?

    Su vocabulario soez, su menosprecio y sus insultos me ponían cada vez más cachondo, hasta llevarme al borde del orgasmo. Me corrí ante sus ojos, mientras él observaba con una sonrisa cínica como el semen se depositaba en chorros blancos y calientes sobre mi vientre y mi pecho.

    Después me agarró del brazo y, sin permitirme limpiarme, me hizo sentarme en el banco y se colocó de pie frente a mí, bajándose pantalón y calzoncillos al mismo tiempo.

    -Chupa

    Fue lo único que dijo. Yo agarré su polla, erecta y palpitante frente a mi cara, y me la metí obedientemente en la boca. Me gustaron su sabor, su dureza y su calor, y me apliqué a la tarea de deslizar los labios por toda su longitud, desde el glande hasta q su vello púbico me rozó la nariz. Durante los siguientes minutos lamí, chupé y saboreé, disfrutando de cada centímetro de carne y de cada gota de líquido que salía de aquel capullo enrojecido por la excitación. Obedecí todas sus indicaciones, aplicándole lametazos en los testículos, en el frenillo o a lo largo del miembro, según me iba ordenando, y me las arreglé para tragármelo entero cuando quiso follarme la boca, sujetando mi cabeza y moviendo las caderas adelante y atrás, con un balanceo que llevaba el extremo de su polla desde mis labios hasta el fondo de mi garganta. Se corrió con un gemido, sin permitir que me retirara y se derramó en mi boca, inundándola con una descarga de semen que desbordó mis labios y corrió por mi barbilla.

    -Así, putita, traga, no desperdicies nada.

    Permaneció dentro de mí hasta que la erección se debilitó, y me ordenó limpiarle con la lengua. Yo lamí cada resto de semen que manchaba su miembro ahora fláccido y recuperé el que se secaba en mi barbilla

    -Lo has hecho muy bien- dijo- Otro día seguiremos

    Observó como me duchaba y me vestía, aunque se guardó mi slip en un bolsillo, y salimos del gimnasio, desierto hace ya rato.

    A partir de entonces las sesiones fueron siempre a última hora y, aunque por razones que ignoro nunca llegó a sodomizarme, yo me convertí en la zorrita que él quería que fuera, siempre dispuesto a hacerle una mamada cuando le apetecía. Un par de semanas después, cuando finalizó mi tratamiento nos despedimos como si nada hubiera pasado, y eso fue todo. Cambié de ciudad, y nunca volví a verle. Imagino que después de mí habría otros, como seguro que los había habido antes que yo, y que yo solo fui uno más en su lista de zorras. No me arrepiento. Estuvo bien mientras duró, y yo descubrí una parte de mí mismo que desconocía hasta entonces. Me siguen gustando las mujeres, pero a veces, cuando me cruzo con un maduro de buen ver, pienso ………

    1. Super morbosa tu historia, soy hetero y con novia y tengo 40 años pero me ha excitado mucho esa situación sin prisas ni presión y ese juego lento pero morboso del masajista como incitando y provocando para que fueras tú el que decida si dar o no el primer paso… si me pasáse algo así a mí tal como lo cuentas creo que aunque nervioso también podría acabar queriendo probar algo más… jijiji

  5. En el 2014 fui a Barcelona de viaje de egresados y lo pase increíble 😉
    Lo más increíble paso el primer día, antes de subirme al bus, y fue descubrir el pedazo de bombón que me tocó de coordinador. Se llamaba Leo, Era alto, como de 1,85, pálido, rubio y con unos ojos azules como el agua del mar de lacosta. Nisiquiera yo me lo creía. Era muy hermoso, tenía un cuerpo de gimnasio y unos brazos blancos increíbles.
    El acento de porteño boludo lo hacía demasiado sexy, todas las niñas andaban detrás de él.

    Una de las noches volví antes de la discoteca y me acompaño el, nos sentamos en una escalera, nos pusimos a charlar, era muy majo y hacia chistes, hasta que empezó a subir el tono de la conversación. Estaba sentado al lado de el y se empezó a a acercar y a joder con que tenía ganas, que ninguna chica le gustaba, que no sabía que hacer, yo solo Sonreía incómodamente hasta que me apoyó una mano en mi pierna. Me dijo que estaba interesado en otra cosa. Yo lo mire congelado por sus ojos que parecían dos glaciares. Me agarro de la mano y me llevo a su cuarto sin decir nada.

    El otro cordi estaba en la discoteca con el resto así que estábamos solos. Estábamos en silencio hasta que me pregunto si yo también estaba interesado en lo mismo. Lo mire y sonreí hasta que me hice el difícil y le dije que no sabía de que me estaba hablando. mire para otro lado mientras escuchaba su voz diciendo “no te hagas el boludo … y cuando los mire tenía su cara frente a la mia y sus labios partiéndome los míos. Estaba desorbitado. Mantuve mis ojos abiertos mientras el me besaba y me rodeaba con sus brazos. Se dio cuenta de que yo no reaccionaba, así que se separó, sonrió y me dijo “relajate, la vamos a pasar bien…” y me empujó en su cama.

    En ese momento me puse más nervioso. Solo había estado con un tipo una vez y no había sido muy bonito. Se me subió y se sento sobre mi cadera y empezó a besarme el cuello mientras se agitaba su respiración, después volvió a mis labios. Tenía un sabor dulce en su boca, empecé a disfrutarlo. El lo entendió y empezó a sonreír. Nos acariciábamos y tímidamente le saque la remera. Era blanco como la nieve, pecho y abdomen marcado y pezones rosados sin un solo pelo, exceptuando una línea amarillenta que se asomaba por su Jean. El me saco la mia. No hablábamos, solo nos recorríamos con nuestras bocas. El sabor de sus labios era exquisito y su respiración en mi cuello una llama.

    Presionaba sus brazos confirmando que no sea un sueño húmedo que yo estuviera teniendo, pero su mirada era real. Le desabroche el pantalón y el se lo termino de sacar. Tenía un bóxer tan blanco como el, con unos dibujos que no observe porque el bulto me llamaba mayoritariamente la atención, me saque mis pantalones y me puse sobre el, recorrí su abdomen con besos y me detuve justo antes del bóxer. Me detuve a admirar sus piernas gruesas cubiertas de vellos dorados que desaparecían es sus pies pálidos. Volví a lo interesante. Puse mi mano sobre el bulto. el sonrió. Estaba caliente y latía. lo acariciaba mientras besaba sus velludas piernas. Lo besaba por arriba del boxer. Lo descubrí lleno de curiosidad y lleve su ropa interior hasta sus tobillos. La línea de vellos que tenía en su abdomen llevaba a un parque dorado que coronaba una palpitante y blanca verga con sus venas dibujadas en verde, que cubría su cabeza con un chorriante prepucio. No estaba totalmente dura. Sin decir nada la besé. Empecé a acariciarla y también empezó a crecer más. La metí torpemente en mi boca y empecé a succionar y a meter la lengua en su prepucio.

    Retire la piel hacia atrás y note que tenía la cabeza gruesa y roja como una frutilla (amo las frutilla y más con crema(?). La chupe con ansias. La metí y saque entera hasta casi vomitar. . Me Trague su par de huevos hasta hacerlo pedir por favor que pare. Esa verga creció hasta según mis cálculos 19cm. gruesa como la muñeca de un niño de dos años. Lo di vuelta para disfrutar de un gran culo gordo el que abrí para descubrir un botón rosado y rodeado de vellos dorados. Tenía un perfume enloquecedor. Jugué con mi lengua por toda su extensión. Con mi polla babeando me acerque a su oído le pedí que me follarav

    Sonrió y se dedicó a dilartarme, me hizo sentir el cielo intercalando su lengua y sus dedos gruesos en mi ano casi virgen. Me susurro que quería hacerlo fuerte, a lo bestia, que si confiaba en el, el confiaba en mi. No pude negarme. Me beso el cuello, y dejó caer su saliva en mi ano y en su rosada polla . Empezó a embestirme hasta que entro y la fue empujando hasta alcanzar casi su cuerpo, se detuvo por unos minutos mientras me besaba la espalda y las orejas y me susurraba lo mucho que le gustaba. Empezó a moverse cada vez más rápido hasta que sentía el ruido de su cuerpo golpeando el mio y sus huevos chocando los míos. Me agarraba de la cadera con una mano y con la otra me rodeaba el cuerpo. Su cuerpo hervía. Follabacomo un perro jadeante en celo.

    Me dio vuelta y me cogio de frente. Rodee su cintura con mis piernas y el apoyo sus manos en la cama a los lados de mi cabeza. Me empezó a embestir como loco. Estaba rojo y chorreando transpiración. Hasta qué un momento note que jadeaba y los ojos le lagrimeaban. Me abrazo y me dijo que acabaría. Ahogue su grito con un beso y mientras mi lengua llenaba su boca y su leche caliente inundaba mi recto. Me follo hasta que su semen empezó a salirse de mi y se tiró sobre mi polla. La empezó a chupar como loco hasta que me large litros sobre su cara y su pecho. Se acostó a mi lado y me abrazo. Más tranquilo me pidió perdón y me dijo que le había gustado mucho. nos besamos un rato hasta que nos dimos cuenta de que podía venir alguien. Me vestí y volví a mi cuarto.

    Mientras me bañaba me hice otra paja pensando en la maravillosa polla que me había comido.
    el resto de los dias el no podía ni mirarme y cuando lo hacía bajaba la cabeza y se reía. seguimos jodiendo el resto del viaje pero no volvió a pasar nada más que algún toque o caricia.. Espero que les haya gustado, trate de hacerlo interesante de leer y la enseñanza es: aprovechen a sus coordinadores Saludos!

  6. Hola:
    Ayer me quede pensando mucho y recordando aquella experiencia que fue algo insólito ahí va mi ..
    Segunda cita
    Pasado aquel momento que me hizo volar de este mundo y de la rutina
    Nos encontramos esta vez con muchas horas de charlas de contar fantasías y él quería cumplir su fantasía pero fue algo natural nada programado , me llamo un día un día
    De mucho bajón que él tenía acudí a verlo y sin mediar palabra simplemente lo abrace haciéndole saber que no era el único que se le pasaba esas cosas por la cabeza cuando solo necesitaba que en aquel momento lo escucharan hablamos mucho por horas el tiempo se pasó. Volando
    Me invitó a seguir la charla esta vez a solas acepte aquella noche mi mujer pasaba en casa de su madre y su mujer estaba de viaje fue un momento ideal
    Cuando lo vi me miró y esa situación fue muy tierna como dos
    Niños guardando el secreto mejor guardado
    Entramos y no más cerrar la puerta me abrazo,y me susurró «gracias por escucharme »
    Nos dimos un beso muy suave e intenso y le pedí guardemos este momento para nosotros eso es lo que hicimos
    Le pedí solo un favor y me miró sorprendido , le dije cumple una fantasía mía me miró y puso esa sonrisa retorcida y me subió de tono
    Había una foto de él en un portarretratos vestido con ropa deportiva de fútbol ,coji el marco y me entendió solo había un problema me dijo lo tengo para lavar ayer jugué y está sucio ,sudado y devolví también ni sonrisa retorcida
    Me fui a comprar tabaco y condones para ser honesto a la vuelta me abre la puerta y subo me abre la puerta y no le faltaba detalle alguno
    Las botas de fútbol,los calcetines una malla de lycra azul eléctrico y unos pantalones cortos una camiseta ¡joder! De solo recordarlo me estoy calentando
    Lo bese pero esta vez el juego había cambiado no estaba dominando la situación y me pregunté ¿está vez me lo follaria ?no lo hice
    Al principio me pise un poco incomodo pero me miró y me dijo «déjate llevar » eso hice no me fue difícil por qué me llevó a donde quiso me beso suave luego tierno y eso fue subiendo a cada minuto que pasaba y la verdad no me desagrado nada
    Bajo su cabeza y cuando pensé que me la iva a mamar me dio media vuelta y me comió todo el culo me saco toda la ropa se levanto y llevo mi cara a aquellos pantalones los baje y vi esa malla azul que su polla le salía empecé a lamer su polla y
    Morderla sobre su malla lo miraba esas piernas sus calcetines y su botas de fútbol me excitaba cada vez más comenzó a hablarme y guiarme como quería y sus indicaciones terminaba con «así mi niño,así mi niño» y eso me ponía a mil luego me puso contra la pared y me inmovilizó rozando su polla con mi culo no sabía que pasaba pero me deje llevar entre en su juego y me pregunto ¿quieres ser mi putita? Primera vez que me llaman en género femenino será por el Calenton pero me calenté aún más que digo pensé no me dejo pensar nada ya que me deje llevar me vuelve a preguntar ¿quieres ser mi putita? digo que si me suelta mientras la meneaba sobre mi culo y se sienta en el sofá me llama y me ordena » ven y cómesela a tu macho» los juegos de roles habían cambiado fui y se la comí a mi manera y comenzó a gemir y me decía así mi putita así eso me calentaba más y se la comí como si no ubiera un mañana !!!!! jajaja
    Luego me dijo súbete encima y ves dilatandote tú solo eso hice mientras me seguía
    Trabajando logre meterla y muy suave me fue metiéndome la mientras me miraba y me metió la lengua mientras me seguía follando una ves dilatado me llevo q la cama puso mis piernas en sus hombres me miró y me dijo ahora verás cómo te follo
    Había un espejo que dejaba ver sus piernas los calcetines y las botas
    De fútbol y fue de muy lento a taladrarme el culo yo de solo verlo me coreo de cada bombeo » no me hagas esto me dijo»era tal el subidon que él se quiso apartar y quedándose el sin correrse
    Coji un cinturón que había cerca de allí lo rodee de la cintura y el ritmo lo empecé a poner yo y fue cada vez más duro el sudor de él se me caía en la cara y se tumbó me senté y empecé a cabalgar por un momento me pare y le contraí todo el culo una y otra vez me dijo » como te siento» y yo como sentía esa polla y por segunda vez me volví a correr y el también me tumbe en su pecho sin sacarme su polla y me abrazo note como su polla se iva bajando hasta que salió me quedé tan a gusto que después nos miramos y soltamos a la par una carcajada espontánea.
    LA NOCHE FUE INTENSA Y HUBO MÁS DE UNA
    VEZ Y EL DESPERTAR «Os dejaré para otro momento»
    Un saludo y si te siente reflejado espero encontrarte nuevamente

  7. Hola:
    Aveces me pongo a leer y también por qué no a observar detenidamente las relaciones que se efectúan atravesar de la red y veo que son tan frías
    Hombres casados como yo creo que hay muchos pero no entiendo muy bien que no se pueda encontrar algo más allá del sexo banal alguien en quien fundir tus fantasías el desconectar
    De los problemas diarios que te llevan diariamente hacerte por lo menos vivir el momento ese momento mágico que más allá de follar te follen a nivel cabeza un simple pasarlo muy bien nada más
    Hace un tiempo atrás conocí un tío la verdad que su aspecto era normal nada del otro mundo pero su parte seductora me hizo ver más allá su
    Voz rasgada grave me llevó a otro mundo quedamos un par de veces y a la 3 vez me invitó a tomar unas cervezas en su piso hasta aquella tercera cita la química había surgido de manera expóntanea entranos a su piso se acercó y me susurró con aquella voz grave y rasgada nos miramos y en aquel momento me percaté que tenía unos ojos tan azules y a la vez una mirada que me hizo volar me detuve a mirarlo con mucha calma y observe cada línea de su cara que me quedo en mi memoria como fotografía luego me sentí tan a gusto que empecé a deslizar mi mano por su cara sentir con mis yemas de mis dedos esa barba casi desalineada una mezcla de color de castaño y rojizo sin mediar palabras le di un beso eso besos intensos ni guarros ni caliente
    Empecé a recorrer su oreja con mi lengua a morder aquellos labios carnosos a acariciar su silueta a reconocer su pecho su culo ese culo que marcaba dentro de sus vaqueros se puso a 100% lo mire nuevamente y sin mediar palabras solo los gemidos de placer que propinaba me guiaba que lo que le hacía le gustaba lo senté frente mío y comenzar a desnudar ese cuerpo que luego me comería note sus
    Tetillas se excitaban con cada caricia mordiendo lentamente su pecho lleno de vellos me calentaba aún más lo deje
    Solo el slip de lycra blanco que llevaba veía como se excitaba su
    Polla y se mojaba me excito mucho esa imagen que aún llevo en la mente
    Me desnudé quedándome en bóxer nos acariciamos mientras nuestras pollas se explotaban con cada roce luego lo baje hasta mi polla y me la comió como un cosaco
    Yo me había encandilado de sus piernas y empecé a lamer cada muslo hasta llegar en
    Su entrepierna nos dimos mucho placer y la típica pose 69 que estuvo genial el me comió el culo con un arte que ubiese gritado allí mismo follame pero era tal calenton que me dio que enseguida lo tire a la cama le
    Comi el culo que mi polla pedía a gritos
    Entrar por aquel orificio tan estrecho y peludo saque un condon le puse un cojín en su ingle boca abajo y me serví ese culo durito acaricie sus piernas y cuando menos espero tenía ese culo dilatado le metí mi polla dura y comenzó a putearme del placer y del dolor que le daba fui con cuidado y empecé a menear mi polla el me miro me besó y en aquel momento le metí hasta los huevos !@¡qué follada! De solo contaros me calienta de nuevo
    Terminamos corriendonos de una manera inusual abrazado y nos olvidamos por algunas citas que estábamos casados tuvimos momento que nos llevaron a olvidarnos del día a día por cosas del destino me fui de palma unos meses y perdí contacto con aquella persona si por casualidad te reconoces en esta historia quisiera volver a retomar aquella amistad eras mi amigo,mi amante, mi colega y un buen consejero
    Gracias por leer este relato si os gusta tengo otros que compartir con vosotros con esta misma persona Un saludo

    1. Hola muy buenas . Tu relato me ha gustado mucho , soy prácticamente nuevo en esto y me gustaría encontrar un amiguete para estas cosas como tu . Podría dejarte mi correo ahora mismo pero lo haré sí me contestas a esto si te parece bien . Un saludo

    2. Hola! Me ha encantado tu relato! Yo soy chico de 29 años, 1.78, cuerpo normalito, casado y con pareja estable hace 10 años, pero con muchas ganas de experimentar algo q siempre ha atraído y q nunca me he atrevido a hacer. Si quieres dejarme mail, estaría encantado de pasarnos fotos y porque no? De quedar algún día. Un saludo

        1. Dar con esa persona con la cual yo dejo de llamar «follar o echar un polvo» a llamarle prácticamente hacer el amor, es muy difícil, por supuesto no me refiero a pareja, estoy por los 30 años y haciendo memoria me ha pasado una vez.

          1. No me pongo a pensar en calificarlo seguramente es así es una experiencia y me gusto la idea de compartirlo ya que es muy banal la situación de hoy en día «aquí te pillo aquí te mato» y al final solo te llevas un polvo express que si tiene suerte se acuerdas de tu cara pero hay variedad yo desde aquellos días me pareció muy frío por qué no me llevo nada

  8. Feliz 2016 a todos y gracias por estar…. a veces, es una puerta de escape, para los que queremos, pero por los motivos que se a, no podemos o simplemente nos falta, el valor. Pero,leyendo te das cuenta, que hay mas gente que comparte, las dudas o miedos y te sientes menos raro.Mi cabeza, en estos momentos , es como una olla express, me gusta, mi mas mi menos, que mi mejor amigo, que a la vez, es el marido, de la mejor amiga ,de mi mujer,es una lucha interna, que pase, lo que pase, pienso, que pierdo yo. Que dificil, cuando la cabeza y el corazon, dicen cosas distintas,es una lucha interna, brutal, y claro hablar ayuda pero con quien te descargas, con tu mujer,hijos,padres o simplemente se lo comentas a el, uff. bueno, un abrazo y seguro que el 2016 sera el año.

    1. Buenas uno más….
      Antes de todo feliz año. Si quieres podemos charlar x correo así te escucho y ayudó tus dudas y miedos..
      Yo pasé por esto tmb y podría venirte bien charlar un poco.
      Si quieres pásame correo para hablar!

    2. Huuyyyy¡ los amigos, que peligro 🙂 Como la imaginación es libre algunas veces pensaba en desfogarme con un amigo en concreto y pasado el tiempo se me vino una temporada de «excesiva» necesidad, le preparé una emboscada y se lo deje ver sin decirlo expresamente… la cogió al vuelo y me dijo que con su esposa tenía suficiente. Me alegré por él aunque tampoco le creí demasiado, hubiese sido más honesto decirme que conmigo no 🙂 Más tiempo ha pasado todavía y quien intenta acerarse ahora es él, sin embargo nuestras respectivas compañeras están con la mosca tras la oreja e intentan que no nos acerquemos demasiado o no quedemos solos. Es curioso que ellas den por hecho lo que nosotros no hemos disfrutado (todavía) 🙂 que putada.
      Por esto digo que los amigos es donde es más fácil pero… que peligro chico 😀
      Suerte para ti y todos los que os aventuráis en ello.

        1. El nivel de amistad entre dos personas es a veces difícil de calibrar y sin embargo si no se puede hablar sinceramente con los amigos… ¿para qué están sino? proponerle a un amigo la posibilidad de relacionarse intimamente es en principio una burrada, pero pensándolo detenidamente no lo es tanto, a fin de cuentas la amistad implica estar a gusto, sentirse bien y divertirse. Si por esta proposición se perdiese esta amistad hay que considerar que tal vez… no se perdió tanto, además, quien desaprovecha semejante propuesta no significa que no la reconsidere pasado un tiempo jeje

    3. Hola uno ¡¡¡¡que gran putada!!!! Tu mejor amigo que a la vez es el marido de la mejor amiga de tu mujer!!!!!
      Piensa por un momento si no hay señales gira las curvas que será un k-os
      Es mejor que salga natural y menos peligroso un calenton de 15 minutos con 2. Mujeres en vuestra contra??? Es un suicidio
      Recuerda los refranes » una mujer despechada es el peor enemigo que te echa a la cara » IMAGÍNATE DOS
      Piensa y medita,asume las consecuencias pero vez con mucha seguridad aveces se ganas y otras se pierde,
      Pregúntate a ti mismo que estás dispuesto a perder por un polvete y ahí sabrás una respuesta.
      Un saludo y que te salga las cosas muy bien

        1. El fisioterapeuta

          Vale. Para haber cumplido ya los 27, yo era un pardillo por aquella época. Incluso puede que haya quién, al leer esto, opine que miento como un bellaco y me lo estoy inventando todo; pero no es así, lo que piensen los demás está de más, que decía la canción, y además me importan un huevo las opiniones ajenas. Ya que esta sección se llama confesiones, yo cuento lo que pasó. Y punto.
          Vale. Para haber cumplido ya los 27, yo era un pardillo por aquella época. Incluso puede que haya quién, al leer esto, opine que miento como un bellaco y me lo estoy inventando todo; pero no es así, lo que piensen los demás está de más, que decía la canción, y además me importan un huevo las opiniones ajenas. Ya que esta sección se llama confesiones, yo cuento lo que pasó. Y punto.
          Nunca había estado antes en un fisioterapeuta y, la verdad sea dicha, yo tampoco lo veía muy necesario en aquella ocasión, pero el traumatólogo opinaba que la lesión mejoraría más rápidamente con dos o tres semanas de tratamiento; como pagaba la mutua pues ¿para qué discutir? El día que me citaron me presenté en la clínica, que ocupaba una sexta planta de un edificio del centro de la ciudad.

          Después de pasar por recepción, el médico responsable me presentó al fisioterapeuta que se ocuparía de mí: un tío más bien alto y fuerte, rubio, de unos treinta y muchos o cuarenta y pocos, bastante simpático, que vestía un uniforme blanco. La clínica en realidad, aparte de aseos, vestuarios y oficinas, consistía en una única y enorme sala donde recibía tratamiento por lo menos una docena de personas al mismo tiempo: había deportistas lesionados como yo, víctimas de accidentes de tráfico, y otros como un vejete que se recuperaba de las secuelas de un derrame cerebral.

          Mi tratamiento, básicamente, consistía en un cuarto de hora o veinte minutos de ejercicio activo en las máquinas (bicicletas, tensores…) que se agrupaban a un extremo de la sala y otros cuarenta y cinco minutos de ejercicio pasivo con el fisio. No era algo precisamente agotador: cómodamente tumbado boca arriba, yo me limitaba a mirar al techo y a pensar en mis cosas mientras el tío se peleaba con mi pierna. Charlábamos de tonterías y yo sólo le interrumpía con un gruñido cuando estiraba, retorcía o prensaba excesivamente algún músculo. Al final, yo me cambiaba, firmaba el parte de la sesión para la mutua y hasta la siguiente, un par de días después.

          Ya he dicho que pequé de inocente, porque tardé un par de días en darme cuenta de que el tío se estaba aprovechando y me estaba metiendo mano. Al principio no le di demasiada importancia: supuse que, teniendo en cuenta los agarres que tenía que hacer sobre mi pierna, era lógico un roce casual de vez en cuando y, además era demasiado leve, demasiado sutil, como para ser más que algo circunstancial. Lo que pasaba es que ese de vez en cuando se producía demasiado a menudo, y si bien era comprensible que por azar su dedo tocara mi pene a través del pantalón, lo que ya no lo era tanto es que se quedara ahí, prolongando el contacto o se deslizara ligeramente, en una caricia tenue y repetida; como tampoco lo era el hecho de que, al apoyar la mano en mi cintura para fijar la cadera a la mesa, metiera un dedo(hay que reconocer que muy poco, solo una falange) bajo la cintura del pantalón de mi chándal. Me quedé de piedra: no es que las mujeres se pegaran por meterme mano, pero hasta entonces no lo había intentado, ni mucho menos conseguido, ningún hombre.

          Esa noche me dediqué a pensar detenidamente en lo que estaba pasando, si podía ser real o sólo una paranoia mía. La verdad es que había sido tan leve que no podría jurarlo; además, ¿se jugaría alguien el puesto de trabajo por una tontería así? ¿por toquetear un poco a un paciente? Porque, reconozcámoslo, tampoco era el polvo del siglo. Decidí ignorarlo de momento y ver qué pasaba al día siguiente.

          Y lo que pasó fue que se repitió. Es más, estando boca abajo, el hombre me arreó un muy poco disimulado magreo en las nalgas que me pareció imposible que pasara inadvertido para el resto de la gente. Eché un vistazo y comprendí que se lo tenía muy bien montado: siempre escogía la camilla del fondo de la sala, donde le protegían dos paredes haciendo esquina (una tenia una ventana, pero como se trataba de sobar y no de arrancarme la ropa a mordiscos, no había peligro por ese lado), por otro era mi propia cabeza la que le tapaba y, en el cuarto lado, el más expuesto al resto de la sala, era él quien, con su propio cuerpo, ocultaba sus manejos de ojos indiscretos.

          Bueno, y ahora qué. Podía denunciarlo y montar un número, pero incluso yo había dudado que ocurriera si no estuviera notando en ese mismo momento su mano acariciando mi culo. Además, para ser sinceros, no me estaba desagradando del todo, ni me estaba sintiendo violado; sólo tenía la sensación de estar siendo utilizado por un desconocido, y la verdad es que tenía cierto morbo. Decidí dejarlo correr de momento y apoyé la cabeza en los brazos, intentando relajarme. En ese momento noté unos dedos apoyarse en la cara interna de mi muslo izquierdo. Separé los pies hasta las esquinas de la mesa, abriendo un poco las piernas, y los dedos se deslizaron hacia arriba, acariciando ligeramente mis testículos y continuando luego por la costura del pantalón, ejerciendo una suave presión entre mis nalgas, hasta llegar a la cintura; una vez allí, el dedo índice se coló bajo el elástico, se internó por debajo del slip, y se movió lentamente por la parte superior de mis nalgas, desde una cadera a la otra. Yo me dejaba hacer, mientras él, alentado por mi pasividad y aparente consentimiento hundía más profundamente su dedo en mi ropa interior, presionando la piel y acariciándome la rabadilla, justo al principio del surco, lo que me produjo un escalofrío que recorrió mi espina dorsal hasta la nuca. El resto de la hora transcurrió como de costumbre, entre ejercicios y casi imperceptibles toqueteos que yo ya aceptaba sin reparos y que, quizá por esto, empezaban a producir cierto efecto en el estado de mi miembro.

          Para la sesión siguiente, y sin haberme molestado en pensarlo demasiado, yo ya había decidido colaborar plenamente en el abuso del que estaba siendo objeto, aunque en ese momento definirlo como abuso podía considerarse algo excesivo, teniendo en cuenta mi tácita conformidad. Deseché el chándal por recatado, y en el vestuario me quité el slip y me enfundé un pantalón corto de deporte, de ésos que tienen un braguero de tela para sujetar los genitales e impedir que el hermano menor y sus dos amigos asomen por debajo de la pernera para saludar al respetable. Más tarde, tumbado en la camilla y notando una mano recorrer mi muslo, yo me preguntaba si realmente quería hacer lo que estaba haciendo o sólo me estaba dejando llevar por un calentón provocado por mi falta de relaciones femeninas de los últimos tiempos. Fuera lo que fuera, ya era un poco tarde para dudas porque en ese momento los dedos descendieron hasta la ingle, con un descaro y una familiaridad que me cortaron la respiración, vacilaron un momento en el borde del braguero y luego se introdujeron reptando como culebras bajo la tela. Esos dos dedos, en contacto directo con la piel de mi escroto me produjeron, ahora sí, un intenso sentimiento de vergüenza; tomaron posesión de mis genitales como si les pertenecieran: los acariciaban de arriba abajo o en círculos, masajeaban suavemente el pene y lo movían levemente de un lado a otro, a su antojo. Cuando llegó el momento de ponerme boca abajo, me di cuenta de que el tiempo de las sutilezas había pasado: interpretando sin duda mi cambio de indumentaria como un acto de conformidad, el fisioterapeuta acariciaba sin pudor mis nalgas bajo el pantalón corto para después, y con el mismo descaro, insertar su dedo entre ellas; lo pasó por toda la hendidura de arriba abajo, hasta llegar a los genitales, y luego a la inversa, haciendo presión en la zona perineal y en el ano, provocándome una erección tan brutal como inesperada. Noté como se endurecían mis pezones, asombrado de mí mismo por permitir y casi desear que un hombre estuviera a punto de meterme un dedo en el culo, ¡y en una zona pública! No lo hizo, claro; no era el momento ni el lugar pero, mientras sentía la dureza de mi polla aprisionada entre mi vientre y la mesa, y aquel dedo recorriéndome la raja, tuve una visión de mí mismo desnudo y a cuatro patas, con aquel hombre agarrado a mis caderas, propinándome fuertes embestidas a las que yo respondía, a pesar de la humillación y del dolor de mi esfínter dilatado, con gemidos de placer.

          A partir de ese día las sesiones se convirtieron, siempre con las precauciones necesarias debidas al carácter público del lugar, en una especie de festival erótico silencioso en el que no quedaba punto alguno de mi anatomía, ya fuera genital o anal, por explorar. Debo reconocer que yo me comportaba como un auténtico calientapollas, y le incitaba ya en el momento de dirigirme a la camilla soltando descaradamente la cinta elástica que cerraba la cintura del pantalón, para facilitarle el acceso. Él, desde luego, entraba al trapo sin reticencias, recorriendo la fina línea de vello que va desde el ombligo hasta el pubis, enredando sus dedos en este último, o buscando mi miembro directamente, acariciándolo, jugando con el prepucio o toqueteando el frenillo, y sonriendo a medias cuando lo notaba crecer o a mí se me escapaba un suspiro que intentaba disimular como mejor podía.

          Y, mientras todo esto ocurría, yo esperaba. Esperaba el día que él decidiese dar un paso más y programase la terapia para última hora, lo que nos permitiría quedarnos solos en el gimnasio; o bien que me citase más tarde en otro lugar, más discreto, sin público ni ropa. Yo me masturbaba por las noches imaginando estas situaciones: unas veces me mantenía tumbado boca abajo en la camilla, vestido sólo con la camiseta y dos de sus dedos firmemente enterrados en mi ano, en otras me llevaba en su coche a un descampado para que le hiciese una mamada; y en las más duras y deseadas su polla violaba sin contemplaciones mi culo virgen y empapado de su saliva.

          Sin embargo nunca iba más allá. Parecía conformarse con mi sumisión ante sus toqueteos y no daba muestras de pretender ir más allá. Quizá no se atrevía, o quizá aguardaba que yo moviese ficha. Tal vez se había cansado de ser la parte activa y quería que yo me implicase de alguna forma más allá del simple consentimiento. Así que un día, aprovechando su proximidad a la camilla, acerqué la mano al borde y estiré los dedos, rozando sus pantalones, justo sobre la cremallera; al principio se quedó parado, como sorprendido, pero luego se inclinó un poco hacia delante, para intensificar el contacto. Yo moví los dedos arriba y abajo, recorriendo sus genitales, que ya presentaban una considerable dureza, giré la mano, volviendo la palma hacia arriba y le acaricié con la punta de los dedos una y otra vez, desde los testículos hasta la punta del pene. Mientras tanto, él sobaba mi polla, dura como una piedra bajo el pantalón corto. No recuerdo cuanto tiempo duró; al rato, él se apartó bruscamente, lo que me hizo comprender que había estado a punto de correrse. Cuando me iba le vi entrar en el aseo, y yo me masturbé al llegar a casa.

          Ese día me di cuenta de que lo que pudiera pasar dependía de mi disposición, así que unos días después decidí echar un órdago: pretextando un examen le di a elegir entre suspender la siguiente sesión o dejarla para las ocho de la tarde. Como cerraban a las nueve, se lo estaba poniendo en bandeja para quedarnos a solas. Supongo que se dio cuenta, porque cambió mi cita para el siguiente viernes a última hora.

          El viernes en cuestión la hora transcurría como todas las demás, aunque yo aguardaba, tenso, a medida que la sala se vaciaba de pacientes. Cuando faltaban diez minutos para las nueve dio por terminada la sesión me fui al vestuario, sin saber muy bien que hacer a continuación. Imaginé que quería esperar a que se fuesen todos, así que, para justificar mi retraso, me desnudé y me metí en la ducha. Aguardé bajo el agua caliente, pero a medida que el tiempo pasaba, empecé a pensar que el tipo no pretendía nada más y que yo estaba haciendo el ridículo. Con una cierta sensación de vergüenza salí de la ducha, me sequé, y empecé a vestirme. Entró cuando acababa de ponerme el slip.

          Dijo que le había parecido notar una ligera desviación de mi columna vertebral y que quería comprobarlo. Me puso de cara a la pared, de pie, y se colocó detrás de mí. Noté su dedo apoyarse en mi nuca y descender lentamente por mi espina dorsal hasta la rabadilla, provocándome un escalofrío. A continuación me indicó que esperara. Le oí arrastrar un banco de de madera y sentarse en él detrás de mí, como antes, pero después metió dos dedos bajo el elástico del slip y me lo bajó de un tirón hasta las rodillas. Su dedo volvió a recorrer mi espalda, pero esta vez no se detuvo, sino que siguió bajando entre mis nalgas, mientras yo suspiraba suavemente y mi miembro reaccionaba a la caricia. A una orden suya, incliné el torso hacia delante, sabiendo que en esta postura dejaba mi culo expuesto ante él. Apoyó sus manos en mis nalgas y las magreó, apretándolas y amasándolas a su gusto, como seguramente había deseado hacerlo en ocasiones anteriores; noté como las separaba y su mirada casi sólida fijarse en mi ojete, como intentando traspasarlo, para después apoyar un dedo húmedo de saliva en ese mismo punto; el dedo giró sobre sí mismo al tiempo que aumentaba la presión sobre el esfínter y yo intentaba relajarme para facilitarle la entrada. El invasor fue ganando terreno en mi interior poco a poco, a medida que yo me acostumbraba a su presencia, como una molestia pasajera que disminuía en la medida en que mi excitación aumentaba. Una vez que estuvo todo dentro, empezó a moverse, en círculos unas veces, entrando y saliendo otras, mientras su dueño me preguntaba si me lo habían hecho antes -no-, y si me gustaba -desde luego que sí- y, con la otra mano, acariciaba mi vientre y mi miembro erecto.

          Tras varios minutos de hurgar en mi culo, el hombre se levantó y fue a lavarse las manos, hecho lo cual me colocó de pie, apoyado de espaldas contra la pared. Luego se acercó a mí y me metió la lengua en la boca; yo respondí al beso lo mejor que pude, enredando mi lengua con la suya y permitiendo que explorara todos los rincones de mi boca mientras sus manos hacían lo mismo con mi cuerpo y su polla se clavaba contra mi vientre a través de su ropa.

          -¿Te gusto?- Preguntó.

          -No- Era verdad.

          -Pero te pongo cachondo.

          -Mucho.

          -¿Qué quieres que te haga?

          -Fóllame- Respondí con un hilo de voz.

          -¿Te has pajeado imaginándolo?- Asentí con la cabeza- Demuéstramelo.

          Me obligó a echarme boca arriba en el banco, con un pie a cada lado del mismo, y a masturbarme ante sus ojos mientras me hablaba al oído:

          -¿Es lo que quieres, niñato? ¿Que te rompa el culo? ¿Te gustaría notar mi polla barrenándote y mi aliento en la nuca?- Yo respondía que sí con la cabeza, mientras con la mano me masajeaba el pene sin cesar, arriba y abajo, frenéticamente

          -Serás mi zorrita. Estarás a mi disposición cuando yo quiera, ¿verdad?

          Su vocabulario soez, su menosprecio y sus insultos me ponían cada vez más cachondo, hasta llevarme al borde del orgasmo. Me corrí ante sus ojos, mientras él observaba con una sonrisa cínica como el semen se depositaba en chorros blancos y calientes sobre mi vientre y mi pecho.

          Después me agarró del brazo y, sin permitirme limpiarme, me hizo sentarme en el banco y se colocó de pie frente a mí, bajándose pantalón y calzoncillos al mismo tiempo.

          -Chupa

          Fue lo único que dijo. Yo agarré su polla, erecta y palpitante frente a mi cara, y me la metí obedientemente en la boca. Me gustaron su sabor, su dureza y su calor, y me apliqué a la tarea de deslizar los labios por toda su longitud, desde el glande hasta q su vello púbico me rozó la nariz. Durante los siguientes minutos lamí, chupé y saboreé, disfrutando de cada centímetro de carne y de cada gota de líquido que salía de aquel capullo enrojecido por la excitación. Obedecí todas sus indicaciones, aplicándole lametazos en los testículos, en el frenillo o a lo largo del miembro, según me iba ordenando, y me las arreglé para tragármelo entero cuando quiso follarme la boca, sujetando mi cabeza y moviendo las caderas adelante y atrás, con un balanceo que llevaba el extremo de su polla desde mis labios hasta el fondo de mi garganta. Se corrió con un gemido, sin permitir que me retirara y se derramó en mi boca, inundándola con una descarga de semen que desbordó mis labios y corrió por mi barbilla.

          -Así, putita, traga, no desperdicies nada.

          Permaneció dentro de mí hasta que la erección se debilitó, y me ordenó limpiarle con la lengua. Yo lamí cada resto de semen que manchaba su miembro ahora fláccido y recuperé el que se secaba en mi barbilla

          -Lo has hecho muy bien- dijo- Otro día seguiremos

          Observó como me duchaba y me vestía, aunque se guardó mi slip en un bolsillo, y salimos del gimnasio, desierto hace ya rato.

          A partir de entonces las sesiones fueron siempre a última hora y, aunque por razones que ignoro nunca llegó a sodomizarme, yo me convertí en la zorrita que él quería que fuera, siempre dispuesto a hacerle una mamada cuando le apetecía. Un par de semanas después, cuando finalizó mi tratamiento nos despedimos como si nada hubiera pasado, y eso fue todo. Cambié de ciudad, y nunca volví a verle. Imagino que después de mí habría otros, como seguro que los había habido antes que yo, y que yo solo fui uno más en su lista de zorras. No me arrepiento. Estuvo bien mientras duró, y yo descubrí una parte de mí mismo que desconocía hasta entonces. Me siguen gustando las mujeres, pero a veces, cuando me cruzo con un maduro de buen ver, pienso……….

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